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Una Honduras crispada por las denuncias anticipadas de fraude elige presidente: 4 claves de lo que está en juego

 

Una Honduras crispada por las denuncias anticipadas de fraude elige presidente: 4 claves de lo que está en juego

Tegucigalpa, 28 de noviembre de 2025 – A dos días de las elecciones generales del 30 de noviembre, Honduras se encuentra en un clima de máxima tensión. Más de 6,2 millones de votantes están convocados a las urnas para elegir al nuevo presidente, 128 diputados al Congreso Nacional y autoridades locales, en un proceso que marca un hito histórico: la primera vez que la izquierda, encarnada en el partido Libertad y Refundación (LIBRE), concluye un mandato sin interrupciones violentas, como el golpe de Estado de 2009 contra Manuel Zelaya. Sin embargo, las denuncias prematuras de fraude electoral, lanzadas por los tres principales candidatos, han enrarecido el ambiente, generando temores de inestabilidad postelectoral y atrayendo la escrutinio internacional, con misiones de la Unión Europea (UE), la Organización de Estados Americanos (OEA) y observadores de América Latina ya desplegados en el país.

El politólogo Héctor Soto Caballero, consultado por este medio, resume el pulso del país: "Estamos ante unas elecciones con una profunda fractura política y económica. Expone la disputa entre dos proyectos de nación radicalmente opuestos: uno progresista y otro conservador, con el populismo como comodín". Las encuestas previas, como las del Tracker de AS/COA, muestran una carrera a tres bandas, con Salvador Nasralla (Partido Liberal) liderando con alrededor del 28%, seguido de cerca por Rixi Moncada (LIBRE, 26%) y Nasry "Tito" Asfura (Partido Nacional, 24%), en un electorado donde los indecisos –estimados en un 15%– podrían inclinar la balanza en esta vuelta única. Jorge Ávila (Partido Socialdemócrata) y otros candidatos menores completan el tablero, pero el grueso del voto se concentra en los grandes bloques.

Las campañas cerraron el 24 de noviembre con acusaciones cruzadas: Nasralla denunció "maniobras" del oficialismo para manipular el Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (TREP), mientras Asfura alertó sobre "injerencia militar" a favor de LIBRE. Por su parte, Moncada, respaldada por la presidenta Xiomara Castro –esposa de Zelaya–, acusó a la oposición de "conspirar con audios falsos generados por IA" para deslegitimar el proceso. Simulacros del TREP han fallado repetidamente –el último, el 9 de noviembre, solo transmitió el 35,7% de las actas esperadas–, avivando sospechas de sabotaje en el Consejo Nacional Electoral (CNE), donde consejeros opositores como Marlon Ochoa han denunciado obstrucciones. La Fiscalía ha abierto investigaciones contra autoridades electorales, lo que ha sido calificado como "injerencia" por observadores internacionales.

En este contexto, ¿qué está realmente en juego? Aquí van cuatro claves para entender la magnitud de estos comicios, que no solo definirán el futuro inmediato de Honduras, sino también su rol en la región centroamericana.

1. La polarización histórica: De la izquierda consolidada a la derecha resurgente

Honduras transita de un ciclo bipartidista –dominado por Liberales y Nacionales durante décadas– a un escenario tripartidista, con LIBRE como fuerza disruptiva. Moncada, abogada de 48 años y exministra de Castro, representa la continuidad del "giro progresista": políticas de inclusión social, lucha contra la corrupción y alianzas con gobiernos de izquierda en la región, como el de Lula en Brasil. Su campaña enfatiza logros como la reducción de la tasa de homicidios (de 38 a 25 por 100.000 habitantes en cuatro años) y el control de la inflación.

Enfrente, Nasralla, el carismático presentador de televisión de 71 años, exaliado de Castro que rompió en 2022 por desacuerdos en la agenda anticorrupción, apuesta al descontento urbano con un discurso antiélite. Asfura, empresario de 68 años y exalcalde de Tegucigalpa, encarna el conservadurismo tradicional del Partido Nacional –el mismo que gobernó bajo Juan Orlando Hernández, extraditado a EE.UU. por narcotráfico en 2022–. Su respaldo reciente por Donald Trump, quien lo tildó de "amigo de la libertad" para "derrotar a los narcos", ha polarizado aún más el debate, evocando fantasmas del pasado autoritario. Analistas como Gerardo Torres, viceministro de Relaciones Exteriores, advierten: "La disputa es por la democracia misma; un triunfo opositor podría revertir reformas sociales, mientras que la continuidad de LIBRE arriesga mayor confrontación con la oposición".

2. Denuncias de fraude y riesgos de violencia: Un proceso bajo asedio

Las acusaciones de manipulación no son nuevas en Honduras –el fraude de 2017 contra Nasralla desencadenó protestas con decenas de muertos–, pero esta vez irrumpen con antelación inusual. El oficialismo denuncia "audios falsos" de opositores planeando sabotear el TREP; la oposición, por su parte, acusa al CNE de parcialidad y al Ejército –custodio del material electoral– de favoritismo hacia LIBRE. Informes de ONG como WOLA y Expediente Público alertan sobre "competir bajo amenaza": al menos 20 líderes políticos han recibido amenazas, y se reportan ventas de credenciales electorales en redes sociales.

La Misión de Observación Electoral de la UE (MOEUE), con 138 observadores desplegados, ha monitoreado la distribución de maletas electorales en 18 departamentos, destacando fallos logísticos pero también avances en transparencia. Sin embargo, el informe "Competir bajo amenaza" de la consultora CE Santos proyecta un riesgo alto de impunidad: "La Fiscalía, bajo influencia política, podría no perseguir delitos electorales, exacerbando la desconfianza". En X (antes Twitter), usuarios como @TommyZambranoM claman por intervención internacional para evitar un "estado fallido".

3. La mirada de Washington: Intereses geopolíticos y el factor Trump

Estados Unidos, principal socio comercial y donante de Honduras (con US$500 millones anuales en ayuda), observa con recelo. Trump irrumpió en la campaña el 27 de noviembre con un tuit respaldando a Asfura, vinculándolo a la lucha antidrogas –un guiño al legado de Hernández, pese a su condena–. Esto ha sido criticado como "injerencia" por sectores progresistas, pero aplaudido por la derecha local.

Otro ángulo: la diplomacia. Honduras rompió con Taiwán en 2023 para alinearse con China, pero un triunfo de Asfura podría revertirlo, beneficiando a Taipéi en su pulso con Pekín. La administración Trump, con énfasis en migración y narcotráfico, ve en estas elecciones una oportunidad para fortalecer aliados conservadores, según el proyecto de ley "Protect Honduran Democracy Act" en el Congreso de EE.UU. Expertos como Boz, en su boletín, advierten: "Un resultado controvertido podría desatar flujos migratorios masivos hacia la frontera sur".

4. Lo que está en juego: Democracia frágil, economía en crisis y legado regional

Más allá de los nombres, el veredicto definirá si Honduras consolida su transición democrática o retrocede a la inestabilidad. Económicamente, el país arrastra un PIB per cápita de US$2.800, desempleo del 8% y deuda externa del 50% del PIB; Castro ha impulsado programas sociales, pero la oposición promete inversión privada y alianzas con EE.UU. para reactivar el sector maquilero y turístico.

Regionalmente, un triunfo de LIBRE fortalecería el eje progresista con El Salvador y Nicaragua, mientras que Nasralla o Asfura podrían alinear a Honduras con el bloque conservador de El Salvador bajo Bukele. El Centro de Estudios Económicos y Políticos (CEPR) enfatiza: "Estas elecciones probarán si la región puede superar su polarización crónica".

Mientras el material electoral se distribuye –con el Ejército custodiando maletas en 13 departamentos–, la UE prevé una declaración preliminar el 2 de diciembre. Honduras, un país de contrastes donde la esperanza choca con el escepticismo, espera un resultado que no fracture aún más su tejido social. El voto del 30 de noviembre no solo elegirá un presidente, sino el rumbo de una nación en busca de redención.

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