Miles de Agujeros Ancestrales en los Andes Peruanos: Científicos Revelan su Propósito como un "Mercado" Preincaico y Sistema de Contabilidad Inca - MAYA TV
Mantenganse informado de las noticias de negocios internacionales. Contacto

Noticias:

Entradas

Miles de Agujeros Ancestrales en los Andes Peruanos: Científicos Revelan su Propósito como un "Mercado" Preincaico y Sistema de Contabilidad Inca

 

Miles de Agujeros Ancestrales en los Andes Peruanos: Científicos Revelan su Propósito como un "Mercado" Preincaico y Sistema de Contabilidad Inca

Por [Tu Nombre o Grok, xAI] – Lima, Perú, 13 de noviembre de 2025

En las áridas laderas de los Andes peruanos, donde el desierto costero se funde con las alturas montañosas, yace uno de los enigmas arqueológicos más fascinantes del mundo: una "banda" de más de 5.200 agujeros perfectamente alineados que serpentean por 1,5 kilómetros en la colina conocida como Monte Sierpe, en el valle de Pisco, al sur de Perú. Durante casi un siglo, estos pozos circulares —de entre 1 y 2 metros de diámetro y hasta 1 metro de profundidad, algunos forrados con piedras— han desconcertado a científicos y aventureros. ¿Eran tumbas olvidadas? ¿Trampas defensivas? ¿Sistemas para capturar niebla? Hoy, un equipo internacional de arqueólogos anuncia que el misterio parece resuelto: Monte Sierpe no era un cementerio ni una fortificación, sino un vibrante mercado de trueque preincaico que, bajo el Imperio Inca, se transformó en un sofisticado "hoja de cálculo" territorial para el cobro de tributos y la contabilidad de recursos.

El sitio, apodado "Band of Holes" en inglés, saltó a la fama en la década de 1930 gracias a una fotografía aérea tomada por el geólogo estadounidense Robert Shippee y el teniente de la Marina de EE.UU. George R. Johnson durante una expedición en 1931. La imagen, publicada en National Geographic en 1933, reveló por primera vez esta extraña formación que cubre una pendiente empinada a unos 440-700 metros de altitud, en una zona de transición ecológica llamada chaupiyunga, donde el desierto litoral da paso a valles fértiles. En esa época, la hipótesis dominante era que se trataba de tumbas abandonadas de la civilización preincaica, posiblemente del período Intermedio Tardío (siglos X-XV d.C.). Sin embargo, exploraciones terrestres limitadas en los años 70 no arrojaron artefactos concluyentes, y la niebla costera perpetua —junto con la lejanía del sitio— desanimó investigaciones exhaustivas. Hasta ahora, Monte Sierpe había sido un rompecabezas envuelto en especulaciones, alimentando incluso teorías pseudocientíficas en foros en línea, desde pozos para cultivar uvas hasta portales extraterrestres.

Pero un nuevo estudio, publicado esta semana en la revista Antiquity y liderado por el arqueólogo digital Jacob Bongers de la Universidad de Sídney (Australia), cambia el guion por completo. Utilizando drones de alta resolución para mapear el terreno —una tecnología que, según Bongers, "reveló patrones matemáticos imposibles de detectar a pie o desde el aire tradicional"—, el equipo identificó que los agujeros no son aleatorios, sino organizados en unos 60 "bloques" o secciones con arreglos numéricos precisos: filas de 7 u 8 pozos consecutivos, variaciones que sugieren un diseño intencional similar a los khipus incas, esos cordeles anudados usados para registrar datos sin escritura. "Es como un khipu paisajístico, una hoja de cálculo grabada en la tierra", explica el profesor Charles Stanish, coautor senior del estudio y antropólogo de la Universidad del Sur de Florida (EE.UU.), quien añade: "Hasta la llegada de los drones, la niebla permanente en la zona hacía imposible captar la estructura segmentada de los agujeros, incluso desde la cima de la montaña cercana".

El análisis de sedimentos extraídos de varios pozos proporcionó la prueba definitiva. Mediante microbotánica, los científicos detectaron polen antiguo de maíz —un cultivo que no viaja lejos por viento, lo que indica depósito humano deliberado—, junto con restos de Typha (totora o junco, usado para tejer cestas) y sauce, materiales ideales para transportar bienes en fardos o canastas. Estos hallazgos apuntan a que, durante el Reino Chincha (entre los años 1000 y 1400 d.C.), Monte Sierpe funcionaba como un mercado de trueque donde mercaderes nómadas —viajeros marítimos y caravanas de llamas— y especialistas locales (agricultores, pescadores) intercambiaban productos esenciales como maíz, algodón, coca y pescado. Con una población preincaica estimada en 100.000 habitantes en la región, el sitio habría sido un "flea market" ancestral, un punto de encuentro social en una zona estratégica entre centros administrativos incas y antiguas rutas comerciales, cerca de un asentamiento defensivo.

Tras la conquista inca en el siglo XV, el propósito evolucionó: los pozos se convirtieron en un sistema de contabilidad imperial para recolectar tributos de grupos étnicos locales, con cada sección posiblemente representando comunidades o niveles de pago. "En ausencia de moneda o escritura, Monte Sierpe era una 'tecnología social' para el intercambio y la administración de recursos", detalla Stanish, quien compara los bloques de agujeros con los 80 grupos de cordeles en un khipu hallado en el mismo valle de Pisco. Bongers, entusiasmado, añade: "¿Por qué excavar más de 5.000 agujeros en las estribaciones del sur de Perú? ¿Jardines? ¿Para capturar agua? No lo sabíamos, pero estos datos prometedores apoyan teorías novedosas. Es un descubrimiento extraordinario que amplía nuestra comprensión de las prácticas indígenas de contabilidad en los Andes y más allá".

Las implicaciones van más allá de resolver un acertijo: este hallazgo ilumina cómo las sociedades andinas, sin sistemas monetarios formales, modificaban el paisaje para fomentar interacciones económicas y sociales. Desmiente hipótesis previas —no hay fortificaciones para defensa, ni suficiente humedad para recolección de agua o niebla, y el maíz requiere riego que no encaja con pozos secos—, y reivindica el patrimonio indígena frente a mitos pseudocientíficos que, según Stanish, "privan a los pueblos originarios de la propiedad legítima de su historia". El equipo, que incluyó a expertos como Christopher A. Kiahtipes, David Beresford-Jones y Henry Tantaleán, obtuvo permisos del Ministerio de Cultura de Perú y colaboró con comunidades locales para preservar el sitio, que no enfrenta amenazas inmediatas de desarrollo debido a su aislamiento.

Aún quedan interrogantes: ¿Por qué Monte Sierpe es único en los Andes y no se replica en otros valles? ¿Qué plantas medicinales específicas se intercambiaban? Bongers concluye con optimismo: "Hay muchas preguntas más, pero estamos más cerca de desentrañar este sitio misterioso. Es muy emocionante". Mientras tanto, en un mundo obsesionado con la tecnología digital, Monte Sierpe nos recuerda que los antiguos peruanos ya dominaban el arte de "codificar" datos en la tierra misma, tejiendo economías enteras en una red de simples agujeros. Un legado que, como los khipus, sigue desatando nudos de sabiduría milenaria.

Publicar un comentario