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Intervención de Trump en elecciones hondureñas aviva tensiones: Candidatos rechazan "provocaciones" y defienden soberanía

 

Intervención de Trump en elecciones hondureñas aviva tensiones: Candidatos rechazan "provocaciones" y defienden soberanía

Tegucigalpa, Honduras – A dos días de las elecciones generales del 30 de noviembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, irrumpió en la contienda presidencial hondureña con un mensaje incendiario en Truth Social, respaldando al derechista Nasry "Tito" Asfura del Partido Nacional y tildando a sus rivales de "narcocomunistas". La declaración, que evoca fantasmas de la Guerra Fría, ha desatado un torbellino de reacciones entre los candidatos, analistas y el gobierno saliente, en un contexto de encuestas empatadas y temores de inestabilidad postelectoral.

Trump, quien asumió su segundo mandato en enero de 2025, publicó el miércoles 26 de noviembre un texto dirigido directamente al electorado hondureño: "¿(El presidente Nicolás) Maduro y sus narcoterroristas se apoderarán de otro país como lo han hecho con Cuba, Nicaragua y Venezuela?". En él, el magnate neoyorquino exaltó a Asfura como "el hombre que defiende la democracia y lucha" contra el chavismo, mientras arremetió contra Rixi Moncada, candidata de la oficialista Libertad y Refundación (Libre), por supuestamente idolatrar a Fidel Castro, y contra Salvador Nasralla, abanderado liberal, a quien describió como un "casi comunista" que finge anticomunismo para "dividir el voto de Asfura".

"Tito y yo podemos trabajar juntos para luchar contra los narcocomunistas, y llevar la ayuda necesaria al pueblo de Honduras. No puedo colaborar con Moncada y los socialistas, y Nasralla no es un socio confiable para la libertad", concluyó Trump, en un post que acumuló miles de interacciones en redes sociales y fue ampliamente compartido en Honduras.

La respuesta no se hizo esperar. Moncada, de 60 años y exministra de Finanzas bajo el gobierno de Xiomara Castro –quien deja el poder con mejoras notables en tasas de homicidio y desempleo–, replicó con ironía en una rueda de prensa: "El fantasma del comunismo vuelve con los mismos cuentos de siempre. Me llaman así para esconder la verdad: le temen a la democratización de la economía". La candidata, vista como la heredera del proyecto de izquierda de Castro, acusó al mensaje de ser una "intervención descarada" que ignora los avances sociales de su administración y busca desestabilizar el proceso. En redes, Moncada compartió un video desmintiendo el "etiqueta comunista" y enfatizando que su agenda prioriza la justicia social sin alinearse con regímenes autoritarios.

Nasralla, el carismático presentador de televisión de 72 años que regresa al ruedo liberal tras una fallida alianza con Castro en 2021, lamentó que Trump haya recibido "información malintencionada". En un video viral en YouTube, el candidato insistió: "La gente no quiere el comunismo", y se posicionó como "un aliado de las libertades en Iberoamérica" para Washington. "Washington encontraría en mí un socio confiable, no un divisor de votos", afirmó, minimizando el impacto del respaldo a Asfura y atribuyéndolo a "asesores sesgados". Analistas como el sociólogo Allan Fajardo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) ven en esto una oportunidad para Nasralla: "El mensaje debilita su imagen de 'traidor', pero polariza a la derecha tradicional".

El beneficiario directo, Asfura –empresario de origen palestino de 67 años, exalcalde de Tegucigalpa y acusado de corrupción en el pasado–, no ocultó su gratitud. "Agradezco el respaldo del presidente Trump y prometo estar firme para defender la democracia y nuestra libertad", tuiteó el nacionalista, quien se presenta como un gestor pragmático contra la migración y el crimen organizado. Su campaña, que según encuestas de El Heraldo y CID Gallup ronda el 28-30% de intención de voto –empatado con Moncada y ligeramente por encima de Nasralla–, ha visto un repunte en donaciones de la diáspora hondureña en EE.UU. tras el endorsement.

Más allá de los candidatos, el mensaje ha generado conmoción en el establishment hondureño. El vicecanciller Gerardo Torres, del gobierno de Castro, advirtió en una reunión con diplomáticos que el respaldo a Asfura "puede backfirear" y perjudicar más a Nasralla que a Libre, reorganizando la contienda a favor de Moncada. "Generó conmoción, pero solo los hondureños deciden", enfatizó, al tiempo que alertó sobre posibles "inestabilidades" si Washington reconoce prematuramente un resultado adverso para la izquierda. El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) minimizó el impacto: "Los hondureños ya definieron su voto; esto no moverá indecisos", dijo su presidente Armando Urtecho.

Observadores internacionales, como Carlos Alejandro de la Comisión de Relaciones Internacionales del Frente Amplio uruguayo, tildaron la intervención de "intolerable" y "patrón trumpista" en América Latina, recordando presiones en Argentina y amenazas a Venezuela. El politólogo mexicano Jaime Tamayo, de la Universidad de Guadalajara, advirtió de un "riesgo de guerra económica" si Asfura no gana, y señaló la ironía: el Partido Nacional, al que pertenece el exmandatario Juan Orlando Hernández –condenado en EE.UU. por narcotráfico–, es respaldado para "combatir el narcoterrorismo".

El contexto electoral agrava las tensiones. Honduras elige no solo presidente, sino 128 diputados, 298 alcaldes y 20 eurodiputados centroamericanos, en un país marcado por el golpe de 2009 y escándalos de fraude. Con más de seis millones de votantes convocados, la carrera es reñida: Moncada lidera con promesas de continuidad progresista; Nasralla apela al descontento anticorrupción; y Asfura, al orden y alianzas con Washington. Temores de violencia persisten, con denuncias de hackeo al sistema de escrutinio por parte de Libre y movilizaciones de observadores progresistas internacionales. Además, la elección podría influir en la diplomacia: Taiwán busca retener su reconocimiento en un pulso con China.

A 48 horas del "silencio electoral", las calles de Tegucigalpa bullen con debates. "¿Quién decide nuestro futuro: Trump o los hondureños?", se pregunta Amanda Durón, vendedora ambulante que sobrevive con siete dólares diarios. Analistas coinciden: el mensaje polariza, pero la soberanía –y el voto– sigue en manos del pueblo. El domingo, Honduras no solo elegirá líder, sino definirá su lugar en un hemisferio donde las sombras de la injerencia aún acechan.

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