Alimentos ultraprocesados: una "pandemia de enfermedades crónicas" que amenaza la salud global, según serie de The Lancet
Madrid, 20 de noviembre de 2025 – El consumo masivo de alimentos ultraprocesados (AUP o UPF, por sus siglas en inglés) está desplazando dietas tradicionales basadas en alimentos frescos y mínimamente procesados, empeorando la calidad nutricional y desencadenando un aumento alarmante de enfermedades crónicas en todo el mundo. Así lo advierte una serie de tres artículos publicados esta semana en la prestigiosa revista The Lancet, elaborada por 43 expertos internacionales, entre ellos el profesor Carlos Monteiro, de la Universidad de São Paulo (Brasil), y Chris van Tulleken, del University College de Londres (Reino Unido).
Los autores comparan la situación actual con la respuesta inicial al tabaco hace décadas: "La respuesta de salud pública global todavía está en una fase muy temprana, comparable a la de los movimientos contra el tabaco", señalan. Critican duramente a las grandes corporaciones alimentarias por priorizar beneficios económicos sobre la salud, mediante tácticas como marketing agresivo, lobby político y creación de "incertidumbre científica" para frenar regulaciones.
Las 12 enfermedades crónicas con asociación significativa
Una revisión sistemática de 104 estudios longitudinales (de los cuales 92 mostraron riesgos elevados) identifica asociaciones convincentes entre dietas altas en AUP y al menos 12 condiciones de salud graves:
- Obesidad y sobrepeso (aumento del 21% en riesgo).
- Diabetes tipo 2 (hasta 25% más riesgo).
- Enfermedades cardiovasculares (incluyendo infartos y accidentes cerebrovasculares; 18% más mortalidad).
- Hipertensión.
- Depresión y trastornos mentales comunes (hasta 53% más riesgo en algunos análisis).
- Enfermedad renal crónica.
- Enfermedad de Crohn y otras afecciones gastrointestinales inflamatorias.
- Cánceres (especialmente colorrectal, de mama y páncreas).
- Mortalidad prematura por todas las causas (18-21% más riesgo).
- Ansiedad y otros problemas de salud mental.
- Problemas metabólicos (como hiperglucemia y síndrome metabólico).
- Inflamación crónica y daño en múltiples órganos (afectando sistemas cardiovascular, digestivo, renal y neurológico).
Los expertos destacan que los AUP no solo aportan exceso de calorías, azúcares, grasas saturadas y sal, sino que contienen aditivos (emulsionantes, edulcorantes artificiales, conservantes) y contaminantes de envases que alteran la matriz alimentaria, favorecen la hiperpalatabilidad (hacen que comamos más sin saciarnos) y generan inflamación sistémica.
Un fenómeno global en expansión
Las ventas mundiales de AUP alcanzaron 1,9 billones de dólares en 2023, controladas en un 42% por solo ocho multinacionales. En países de ingresos bajos y medios, el aumento es explosivo: en Uganda, las ventas per cápita crecieron un 60% entre 2007 y 2022. En España, la proporción de calorías procedentes de AUP se ha triplicado en tres décadas, pasando del 11% al 32%. En EE.UU. y Reino Unido superan el 60% de la ingesta energética.
"Esto no es un problema de un producto en particular. Toda la dieta está siendo ultraprocesada", explica Van Tulleken, quien vincula el auge de estas enfermedades a "tres décadas de reformulación por parte de la industria alimentaria".
Monteiro añade: "Los hallazgos confirman la urgencia de actuar contra los AUP. El desplazamiento de dietas tradicionales por estos productos es la explicación más convincente para la pandemia global de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta".
La industria como principal obstáculo
El tercer artículo de la serie denuncia que el auge no responde a "elecciones individuales", sino a estrategias corporativas: publicidad masiva (especialmente dirigida a niños), precios bajos, disponibilidad ubicua y presión política para bloquear regulaciones. Los autores proponen medidas similares a las antitabaco:
- Etiquetado frontal claro que identifique aditivos ultraprocesados.
- Prohibición de publicidad a menores y en entornos digitales.
- Eliminación de AUP en escuelas y hospitales.
- Impuestos elevados a estos productos, con subsidios para frutas, verduras y alimentos frescos.
- Restricciones en supermercados y reformulación obligatoria.
Ejemplos exitosos incluyen el impuesto a bebidas azucaradas (que redujo su consumo) y el programa escolar brasileño, que exigirá el 90% de alimentos frescos para 2026.
Reacciones y críticas
La International Food and Beverage Alliance (que representa a gigantes como Nestlé, Coca-Cola y Unilever) defiende que sus miembros reformulan productos para reducir azúcar y sal, y que las propuestas de The Lancet limitarían "opciones seguras y asequibles".
Expertos independientes reconocen limitaciones (la mayoría de estudios son observacionales, no prueban causalidad directa), pero coinciden en que la evidencia es "suficiente y preocupante" para actuar ya. La OMS y UNICEF respaldan la serie con editoriales propios, exigiendo priorizar la salud sobre el lucro.
En palabras de Monteiro: "Las corporaciones transnacionales priorizan beneficios sobre la salud pública. Solo una respuesta global coordinada puede contrarrestar su poder".
Este informe de The Lancet marca un punto de inflexión: los alimentos ultraprocesados dejan de ser "comida conveniente" para convertirse en una amenaza sanitaria comparable al tabaco. Los gobiernos, alertan los expertos, no pueden seguir demorándose.
