Panamá ha
mantenido una relación histórica y estratégica con Israel desde la creación de
este último en 1948. Como se menciona en la información proporcionada, Panamá
fue uno de los primeros países en reconocer a Israel y apoyó su ingreso a la
ONU como miembro de pleno derecho. Este respaldo inicial se vio reforzado por
acciones concretas, como la operación clandestina para trasladar aviones a
Israel en 1948, registrándolos bajo la fachada de Panama Airlines. Esta
operación fue crucial para la formación de la Fuerza Aérea Israelí, que
desempeñó un papel disuasorio clave en los primeros años del Estado judío.
La relación
entre ambos países se ha consolidado a lo largo de las décadas a través de la
cooperación en áreas como defensa, comercio y tecnología. Panamá ha percibido a
Israel como un aliado estratégico, especialmente en un contexto donde el país
centroamericano busca posicionarse como un actor relevante en el ámbito
internacional, a pesar de su tamaño reducido. Esta postura se refleja en su
historial de votaciones en la ONU, donde Panamá ha respaldado consistentemente
a Israel, como en 2012, cuando fue el único país latinoamericano en votar en
contra del estatus de "Estado observador no miembro" para Palestina.
Factores
económicos y comerciales
Panamá,
como centro logístico y financiero global gracias al Canal de Panamá y su
posición estratégica, mantiene relaciones económicas significativas con Israel.
Empresas israelíes han invertido en sectores clave en Panamá, como tecnología,
seguridad y agricultura. Por ejemplo, Israel ha proporcionado tecnología de
punta para la modernización de sistemas de seguridad en el Canal de Panamá, un
activo crítico para la economía panameña. Estas relaciones comerciales
refuerzan los lazos bilaterales y pueden influir en la renuencia de Panamá a
adoptar posturas que puedan tensionar su relación con Israel, como el
reconocimiento del Estado palestino.
Además, la
comunidad judía en Panamá, aunque pequeña (estimada en alrededor de
10,000-15,000 personas), es influyente en los sectores empresariales y
financieros del país. Esta comunidad ha desempeñado un papel importante en el
fortalecimiento de los lazos con Israel, lo que podría contribuir a la postura
proisraelí del gobierno panameño.
Influencia
de comunidades árabes en Panamá
A pesar de
la presencia de comunidades libanesas y sirias económicamente relevantes en
Panamá, como señala Evan Ellis, estas no han logrado contrarrestar el
alineamiento histórico con Israel. Estas comunidades, que forman parte de la
diáspora árabe en América Latina, han tenido un impacto cultural y económico
significativo, pero no han traducido esta influencia en un cambio en la
política exterior panameña hacia el reconocimiento de Palestina. Esto puede
deberse a que los intereses comerciales y estratégicos con Israel han
prevalecido en las decisiones gubernamentales, así como a la falta de una
presión interna significativa para cambiar la postura oficial.
Postura
diplomática actual
El gobierno
de José Raúl Mulino, que asumió el poder en julio de 2024, ha mantenido la
línea tradicional de Panamá en su política exterior hacia Israel y Palestina.
Aunque el artículo menciona que no se obtuvo respuesta del gobierno panameño
sobre los recientes reconocimientos del Estado palestino en la Asamblea General
de la ONU en septiembre de 2025, esto sugiere una continuidad en la postura de
no reconocimiento. Esta posición contrasta con el giro de México en 2025, que
rompió con su doctrina Estrada de neutralidad para apoyar la solución de dos
Estados, dejando a Panamá como el único país latinoamericano que no reconoce a
Palestina.
La decisión
de Panamá de no seguir la tendencia regional puede estar influenciada por
varios factores:
Presión de
Estados Unidos: Panamá mantiene una relación estrecha con Estados Unidos, que
históricamente ha apoyado a Israel en el escenario internacional. La influencia
estadounidense, tanto en términos políticos como económicos (dada la
importancia del Canal de Panamá), podría desincentivar a Panamá de adoptar una
postura que contradiga los intereses de Washington.
Cálculo
geopolítico: En un contexto donde la mayoría de los países latinoamericanos han
reconocido a Palestina, Panamá puede ver su postura como una forma de
diferenciarse y mantener una relación privilegiada con Israel, lo que podría
traducirse en beneficios diplomáticos y económicos.
Ausencia de
presión interna: A diferencia de otros países de la región, donde movimientos
sociales o partidos políticos han abogado por el reconocimiento de Palestina,
en Panamá no parece haber una movilización significativa en este sentido, lo
que permite al gobierno mantener su postura sin enfrentar costos políticos
internos.
Contexto
internacional reciente
La oleada
de reconocimientos del Estado palestino en septiembre de 2025, liderada por
países como Reino Unido, Australia, Canadá, Portugal y Francia, responde a la
creciente presión internacional derivada de la crisis humanitaria en Gaza. Esta
situación ha generado un impulso global para apoyar la solución de dos Estados,
lo que pone a Panamá en una posición aún más aislada en el contexto
latinoamericano. La crítica de Israel a estos reconocimientos, calificándolos
como una "recompensa para Hamás", refleja la sensibilidad del tema y
podría reforzar la cautela de Panamá para no alienar a su aliado histórico.
Análisis
comparativo con América Latina
El
reconocimiento del Estado palestino ha sido una tendencia creciente en América
Latina desde la década de 2010. Países como Brasil, Argentina, Chile y otros
reconocieron a Palestina entre 2010 y 2011, siguiendo una ola de apoyo a la
causa palestina en la región. México, hasta 2025, mantuvo una postura neutral
basada en la doctrina Estrada, que prioriza el no intervencionismo y el
reconocimiento de gobiernos en lugar de Estados. Sin embargo, su cambio
reciente dejó a Panamá como la excepción regional.
La postura
de Panamá contrasta con la de países como Colombia, que, aunque mantuvo
relaciones estrechas con Israel, reconoció a Palestina en 2018 bajo el gobierno
de Juan Manuel Santos. Este cambio reflejó una combinación de presión
internacional y dinámicas internas, algo que no se ha replicado en Panamá.
Posibles
razones adicionales
Neutralidad
en conflictos sensibles: Panamá, como país pequeño con una economía dependiente
del comercio internacional, podría preferir evitar involucrarse en conflictos
geopolíticos controvertidos. No reconocer a Palestina puede ser visto como una
forma de mantener una postura de bajo perfil en un tema que genera divisiones.
Falta de
incentivos para el cambio: Dado que Panamá no enfrenta sanciones ni presión
significativa por no reconocer a Palestina, y que su relación con Israel le
proporciona beneficios tangibles, no hay un incentivo claro para alterar su
política exterior en este aspecto.
Historial
de votaciones en la ONU: La consistencia de Panamá en apoyar a Israel en foros
internacionales, como en la votación de 2012, sugiere que su política exterior
está profundamente arraigada en un alineamiento estratégico que trasciende los
cambios de gobierno.
Conclusión
Panamá se
mantiene como el único país de América Latina que no reconoce al Estado
palestino debido a una combinación de factores históricos, diplomáticos,
económicos y geopolíticos. Su apoyo temprano y sostenido a Israel, reforzado
por lazos comerciales, cooperación en defensa y la influencia de la comunidad
judía local, ha moldeado una política exterior que prioriza la relación con
Israel sobre el reconocimiento de Palestina. En el contexto actual, donde la
presión internacional para reconocer a Palestina ha aumentado, Panamá parece
optar por mantener su postura tradicional, posiblemente para preservar
beneficios estratégicos y evitar tensiones con aliados clave como Estados
Unidos e Israel.
