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El descubrimiento de Kostensuchus atrox, una nueva especie de cocodrilo carnívoro de 70 millones de años en la Patagonia austral

 


El descubrimiento de Kostensuchus atrox, una nueva especie de cocodrilo carnívoro de 70 millones de años en la Patagonia austral, ha captado la atención de la comunidad científica y el público en general. Este hallazgo, realizado en la Estancia Anita, cerca de El Calafate, Santa Cruz, Argentina, no solo suma una nueva especie a la fauna del Cretácico tardío, sino que también ofrece una ventana única al ecosistema patagónico justo antes de la extinción masiva que marcó el fin de los dinosaurios no avianos hace 66 millones de años. A continuación, se presenta una ampliación exhaustiva de la información, basada en los datos proporcionados, fuentes adicionales y un análisis crítico del hallazgo, incluyendo detalles sobre el descubrimiento, las características del animal, su contexto ecológico, el impacto científico y las reacciones en medios y redes sociales.Detalles del descubrimientoUbicación y contexto geológicoLos restos fósiles de Kostensuchus atrox fueron hallados en la Formación Chorrillo, en la Estancia Anita, a unos 30 kilómetros al suroeste de El Calafate, cerca del Parque Nacional Los Glaciares. Esta región, conocida por su riqueza paleontológica, ha sido escenario de múltiples hallazgos en los últimos años, incluyendo dinosaurios como Maip macrothorax (un megaraptor carnívoro), Nullotitan glaciaris (un titanosaurio) e Isasicursor santacrucensis (un ornitópodo), además de fósiles de peces, ranas, tortugas, serpientes, plesiosaurios, insectos, plantas y pequeños mamíferos. La Formación Chorrillo, datada en el Maastrichtiano (70-66 millones de años atrás), representa un ambiente templado y húmedo con ríos, lagunas y bosques densos, que albergaba una biodiversidad compleja durante el final del Cretácico.El descubrimiento ocurrió en marzo de 2020, justo antes del inicio de la pandemia por COVID-19. El técnico de CONICET, Marcelo Isasi, identificó una concreción rocosa con fragmentos oscuros durante una prospección liderada por Fernando Novas (CONICET - Fundación Félix de Azara) y Diego Pol (CONICET - Museo Argentino de Ciencias Naturales), junto a los paleontólogos japoneses Makoto Manabe y Takanobu Tsuihiji de la Universidad de Tokio. La extracción fue un proceso arduo debido a la dureza de la roca, que tomó años en el laboratorio, incluso durante el confinamiento, hasta revelar un esqueleto articulado excepcionalmente conservado, incluyendo un cráneo completo, mandíbula, costillas, cadera, cuello, espalda y parte de una extremidad anterior.

 

El equipo detrás del hallazgoEl equipo internacional incluyó:Fernando Novas (CONICET - Fundación Félix de Azara), líder de la expedición y primer autor del estudio.

Diego Pol (CONICET - Museo Argentino de Ciencias Naturales), especialista en cocodrilos fósiles.

Makoto Manabe y Takanobu Tsuihiji (Universidad de Tokio), colaboradores japoneses.

Marcelo Isasi, técnico de CONICET, quien detectó el fósil.

Otros colaboradores, como Ismar de Sousa Carvalho (Brasil), especialista en cocodrilos mesozoicos, y Federico Agnolín (Argentina).

 

El estudio, publicado el 27 de agosto de 2025 en la revista científica PLOS One, contó con subsidios de National Geographic, la Fundación Carlos Chagas Filho de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ) y el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CMPQ) de Brasil.

Historia del descubrimientoLas exploraciones en la Estancia Anita comenzaron en 2018, inspiradas por una fotografía de los años 80 tomada por el paleontólogo José Bonaparte, que mostraba huesos de dinosaurios en la zona. En 2019, Novas y su equipo retomaron el trabajo, y en marzo de 2020, un grupo de 30 investigadores (25 argentinos y 5 japoneses) instaló un campamento en la región. La pandemia complicó la logística, forzando al equipo a aislarse en El Calafate durante meses. A pesar de las adversidades, el hallazgo del cráneo y el esqueleto parcial de Kostensuchus atrox marcó un hito, consolidando a la Patagonia como un epicentro paleontológico global.

Características de Kostensuchus atroxAnatomía y adaptacionesKostensuchus atrox era un crocodilomorfo de la familia Peirosauridae, un grupo extinto de reptiles emparentados con los cocodrilos y caimanes modernos, que habitó Sudamérica y África durante el Cretácico. Sus características distintivas incluyen:Tamaño: Más de 3,5 metros de largo y un peso estimado de 250 kg.

Cráneo: Casi 50 cm de largo, robusto, con un hocico ancho y corto, armado con más de 50 dientes afilados y aserrados, algunos de hasta 5 cm, similares a los de un Tyrannosaurus rex. La mandíbula inferior profunda indica músculos potentes, capaces de generar una mordida excepcionalmente fuerte, comparable a la de grandes dinosaurios carnívoros.

Cuerpo: Escápula ancha y húmero robusto, con extremidades delanteras alargadas y patas largas orientadas hacia abajo, lo que sugiere una postura erguida y mayor agilidad en tierra firme que los cocodrilos modernos. Sus ojos laterales y fosas nasales frontales, similares a las de un perro, indican un estilo de vida preferentemente terrestre o semiacuático, adaptado para la caza activa.

 

Dieta: Hipercarnívoro, capaz de cazar presas diversas, desde pequeños mamíferos y tortugas hasta dinosaurios pequeños y medianos, como ornitópodos.

Rol ecológicoKostensuchus atrox fue un depredador ápice en la Formación Chorrillo, compartiendo la cima de la cadena alimenticia con el megaraptor Maip macrothorax. Los paleontólogos sugieren que competía por recursos con otros grandes carnívoros, similar a las interacciones entre hienas y leones en la sabana africana actual. Su presencia revela una red trófica más compleja de lo que se pensaba, con cocodrilos ocupando nichos ecológicos variados, desde depredadores terrestres hasta posibles herbívoros, a diferencia de los cocodrilos modernos, restringidos a entornos acuáticos.

 

Nombre y significadoEl nombre Kostensuchus atrox refleja su origen y naturaleza:Kosten: “Viento” en lengua aonikenk (tehuelche), en homenaje a los pueblos originarios y al clima patagónico.

Suchus: Referencia al dios egipcio Sobek, asociado con cocodrilos.

Atrox: “Feroz” o “terrible” en latín, destacando su rol como depredador.

Importancia científicaDiversidad del CretácicoEl descubrimiento de Kostensuchus atrox es el primer registro de un crocodilomorfo en la Formación Chorrillo y el primer ejemplar casi completo de un peirosáurido en la Patagonia. Esto amplía el conocimiento sobre la diversidad de cocodrilos en el Cretácico sudamericano, un grupo que incluía formas terrestres, acuáticas e incluso herbívoras, sin equivalentes modernos. La coexistencia de Kostensuchus con dinosaurios como Maip macrothorax sugiere interacciones competitivas complejas, desafiando la narrativa previa que centraba el rol de grandes depredadores en los dinosaurios carnívoros.

Conexión con GondwanaLos peirosáuridos, como Kostensuchus, habitaron Gondwana (el supercontinente que incluía Sudamérica, África, Australia, Antártida e India). Los fósiles patagónicos permiten comparaciones con especies de Brasil y África, evidenciando una amplia distribución y diversidad ecológica. Esto refuerza la hipótesis de que los cocodrilos del Cretácico eran más versátiles que sus descendientes modernos, adaptándose a diversos nichos antes de la extinción masiva.

Extinción y supervivenciaLa extinción masiva de hace 66 millones de años, probablemente causada por el impacto de un asteroide, acabó con los dinosaurios no avianos y gran parte de los peirosáuridos, incluyendo Kostensuchus. Sin embargo, algunas especies de cocodrilos sobrevivieron, probablemente por su adaptación a entornos de agua dulce menos afectados por el evento. Este hallazgo ayuda a entender cómo ciertos linajes resistieron la catástrofe, dando origen a los cocodrilos modernos, mucho menos diversos.

Desafíos pendientesAunque el fósil es excepcionalmente completo, faltan partes como las extremidades traseras y la cola, lo que limita algunas interpretaciones. Los paleontólogos desconocen si Kostensuchus cazaba en solitario o en grupo, cómo se reproducía o si exhibía cuidado parental. La ausencia de fósiles juveniles asociados y de piezas menores dificulta comparaciones detalladas, pero futuras excavaciones en la Estancia Anita podrían responder estas preguntas.

 

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