El gobierno de Estados Unidos implementó en enero de 2025 una política que prohíbe a su personal gubernamental en China, incluyendo diplomáticos, sus familiares y contratistas con autorizaciones de seguridad, mantener relaciones románticas o sexuales con ciudadanos chinos. Esta medida, introducida por el entonces embajador Nicholas Burns, se aplica a las misiones diplomáticas en Pekín, Guangzhou, Shanghái, Shenyang, Wuhan y Hong Kong, y busca reducir riesgos de espionaje en un contexto de tensiones crecientes con China. Quienes incumplan deben abandonar el país de inmediato, aunque se permiten exenciones para relaciones preexistentes, sujetas a aprobación.
La idea detrás de esta restricción es limitar las vulnerabilidades ante posibles tácticas de inteligencia, como las conocidas "trampas de miel", donde agentes podrían usar relaciones personales para obtener información sensible. Expertos como Peter Mattis, exanalista de la CIA, han señalado que el Ministerio de Seguridad del Estado chino podría presionar a ciudadanos chinos en contacto con personal estadounidense, aumentando el riesgo. Aunque no hay evidencia pública reciente de casos específicos en China, esta práctica tiene precedentes históricos, como durante la Guerra Fría, cuando un marine en Moscú fue comprometido por una espía soviética.
China, por su parte, no ha comentado directamente sobre la medida, pero también mantiene estrictos controles sobre sus propios funcionarios, prohibiendo relaciones con extranjeros y restringiendo su movilidad. La política estadounidense, que recuerda las dinámicas de la Guerra Fría, refleja una desconfianza mutua en ascenso, aunque su efectividad y alcance práctico aún son debatibles, dado que no se ha hecho pública oficialmente y depende de la autorregulación del personal afectado.
