La frase que uso para que mis hijos me escuchen - MAYA TV
Mantenganse informado de las noticias de negocios internacionales. Contacto

Noticias:

Entradas

La frase que uso para que mis hijos me escuchen

 Cuando esperamos que un niño de 4 años “obedezca a la primera”, es como si esperáramos que un celular de tapa funcione como un iPhone 15. (Ilustración: Yahoo Noticias, fotos: Getty Images)

Cuando esperamos que un niño de 4 años “obedezca a la primera”, es como si esperáramos que un celular de tapa funcione como un iPhone 15. (Ilustración: Yahoo Noticias, fotos: Getty Images) (Photo Illustration: Yahoo News, photos: Getty Images)

Ser madre o padre a veces se siente como ser un disco rayado: recordar a tu hijo que se cepille los dientes, que meta los calcetines sucios en el cesto o que haga la tarea de matemáticas por tercera vez puede resultar agotador. Y cuando no te escuchan, gritar parece ser la única opción para captar su atención. Pero hay otras maneras —más efectivas y menos estresantes— de manejar la situación.

En el octavo episodio de su pódcast After Bedtime With Big Little Feelings, las fundadoras de Big Little Feelings, Deena Margolin (terapeuta infantil especializada en neurobiología interpersonal) y Kristin Gallant (coach parental con formación en educación maternal e infantil), explican por qué a veces los padres malinterpretan la capacidad de sus hijos para escuchar y por qué puede resultar tan frustrante sentir que te están ignorando. En esta edición de la columna de Yahoo After After Bedtime, Margolin comparte la frase clave que ella misma usa para lograr que sus hijos la escuchen.

Solo porque tu hijo oyó que le dijiste “ponte los zapatos” no significa que su cerebro tenga las herramientas para dejar lo que está haciendo, cambiar de enfoque, retener la instrucción en su memoria de trabajo y ejecutar la acción.

Todo eso requiere habilidades de función ejecutiva, que se desarrollan en la corteza prefrontal del cerebro. Esta parte del cerebro apenas está un 25% desarrollada a los 3 años, y continúa madurando hasta después de los 20. Así que, cuando esperamos que un niño de 4 años “obedezca a la primera”, es como si esperáramos que un celular antiguo funcione como un iPhone 15.

Además, no escuchar no significa que te estén faltando al respeto. La mayoría de las veces se debe a tres razones: desregulación emocional (están abrumados), distracción (están concentrados) o inmadurez del desarrollo (su cerebro aún no está preparado). En resumen: escuchar es una habilidad que se construye con el tiempo, mediante el ejemplo, el vínculo afectivo, la regulación emocional compartida y la repetición. No mediante castigos ni gritos.

Need a break?
Need a break? (PeopleImages via Getty Images)

¿Por qué nos altera tanto que nuestros hijos no escuchen? ¿Y cómo mantener la calma?

Cuando tu hijo te ignora por tercera vez, no se trata solo de ese momento. Suele activar pensamientos más profundos como: “No me respeta”, “estoy fallando como madre/padre” o “nadie me escucha”.

Esos pensamientos activan nuestro propio sistema nervioso, sobre todo si de niños no nos escuchaban o nos castigaban duramente por no “obedecer”. Por eso, el primer paso no tiene que ver con tu hijo, sino contigo.

Prueba esto cuando sientas que la rabia empieza a subir: pon tu mano sobre el pecho, respira hondo y repite: “Estoy a salvo. Soy un buen padre/madre. El cerebro de mi hijo aún se está desarrollando.” Parece algo sencillo, pero ese momento de pausa interrumpe tu respuesta de estrés y permite que tu parte racional vuelva a activarse. Así puedes responder, en lugar de reaccionar.

Una frase que ha funcionado de maravilla en mi casa: “Vamos a hacerlo juntos”.

Cuando veo que alguno de mis hijos está abrumado, me ignora o evita una tarea, en vez de exigir obediencia, apuesto por la conexión: “¿Necesitas ayuda para empezar?”, “¡corramos a ponernos los zapatos!”, “¿quieres que hagamos el primer paso juntos y luego tú terminas?”

¿Por qué funciona? Porque la conexión regula el cerebro. La regulación abre la mente. Y una mente abierta coopera. El objetivo no es la obediencia perfecta, sino desarrollar habilidades reales como el enfoque, la flexibilidad y la constancia, todo sobre una base de seguridad emocional.

  • Entra en su mundo. Antes de pedirles que entren en tu mundo (ponerse los zapatos, recoger, venir a cenar), entra tú en el suyo, aunque sea por 10 segundos. Puede ser tan simple como narrar lo que están haciendo: “¡Guau, estás construyendo una nave gigante!”. O usar el juego: “¿Puede tu astronauta ayudarme a despegar hacia el baño para cepillarnos los dientes?”. Esto ayuda a que su cerebro cambie de actividad sin tanta resistencia. Primero conectas, luego cooperan.

  • Sé breve y positivo. Evita los discursos. Da la instrucción en cinco palabras o menos, y diles lo que  deben hacer, no lo que no. Ejemplos: “Camina despacio.”“las manos quietas.”“zapatos, por favor.” Las instrucciones cortas y claras evitan que se sientan abrumados y les permiten mantener la calma.

  • Hazlo visual y concreto. Si repites las mismas instrucciones todo el tiempo, conviértelas en algo visual. Puedes hacer una tabla de rutina matutina con dibujos o fotos, usar un checklist sencillo o un temporizador para mostrar cuánto falta para salir. Esto ayuda a reducir la sobrecarga verbal, fomenta la autonomía y les da claridad sobre lo que se espera, algo clave especialmente para niños neurodivergentes o durante las transiciones.

Si tu hijo te escucha un 25% del tiempo y su cerebro está desarrollado apenas en un 25%, las cuentas cuadran. No significa que lo estés haciendo mal. Significa que estás criando a un ser humano, no a un robot. Y cuanto más entiendes el cerebro detrás del comportamiento, menos personal te lo tomas, y más poder tienes como padre o madre.

Publicar un comentario